Controla tu ego, no eres infalible.

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Cuando escuchamos la palabra “ego” pensamos en alguien que se valora en exceso y que necesita ser el centro de atención de todo aquel que le rodea. Alguien que requiere reforzar sus cualidades, sus habilidades, sus aciertos y sus triunfos, y que su sentimiento de grandeza lo hace ser narcisista, soberbio, egoísta y pensar que siempre tiene la razón.

Desde la perspectiva de la psicología y de la filosofía, el ego es la conciencia que tiene una persona para poder percibir su propia realidad. Es un elemento de su estructura psíquica interna que debemos aprender a gestionar para poder convivir e interactuar en armonía con los demás. ¿Cómo te percibes ti mismo? ¿eres ególatra? ¿te han tachado de falta de humildad? ¿piensas que los demás te envidian y en lugar de reconocer tu valía? ¿sueles intentar imponer tus razones sin importar lo que los otros digan? Independientemente de tu respuesta, debo decirte que todos tenemos cierto nivel de ego, unos más, otros menos. Hay que piensan que hay” ego bueno” y hay “ego malo”, y que el malo lleva a la sobre valoración de la persona y el bueno a ayudarlo a ser una persona triunfadora. La idea es buscar en nosotros mismos un equilibrio en nuestro ego, promoviendo actitudes de empatía, de humildad, de reconocimiento de admiración de los logros ajenos, de tolerancia, respeto y de control de nuestras emociones.

En otras palabras, promover que seamos capaces de conectarnos emocionalmente con quien interactuemos para percibir, comprender y aceptar sus creencias, sus ideas y sus pensamientos.

Aunque todos los seres humanos interactuamos con cierto nivel de egocentrismo, lo importante es ser consciente de esa parte indisoluble de nuestra personalidad, para que evitemos traspasar los límites del ego en pro de relacionarnos lo mejor posible con la pareja, con la familia, con los colegas, con los trabajadores y con todo aquel con quien interactuemos socialmente.

En el ámbito empresarial, el exceso de ego en la función directiva, es un obstáculo para el trabajo eficiente en equipo y para la consecución del éxito empresarial. Cuando el director o gerente es egocéntrico crea una barrera emocional y de comunicación con sus subalternos, pues estos se sienten ignorados y que no se aprecia su contribución laboral. Un desmedido ego del empresario puede generar desconfianza y desmotivación entre los integrantes de su equipo de trabajo. Es decir, su ego puede influir a que los subalternos decidan quedarse callados ante alguna situación que enfrenta la empresa y que puede ser solucionada o mejorada de cierta forma, por considerar que no tiene caso decir algo, en virtud de que el jefe no hace caso de sus ideas y recomendaciones, pues para él sus decisiones son siempre las correctas. En ese orden de ideas, el ego del empresario puede generar mal ambiente de trabajo, ineficiencias operativas, falta de fidelidad laboral y toma de decisiones equivocadas.

 

¿Qué hacer para que el ego no afecte mi desempeño como empresario?

Reconoce que no eres infalible, es decir, que puedes estar equivocado en tu juicio. Que no siempre vas a tener la razón. Que es tu responsabilidad tomar la última decisión, más no saber y dar todas las soluciones. Escucha lo que tengan que decir y aportar tus colaboradores. Analiza a conciencia y a detalle sus ideas, sus pros y sus contras. Establece con ellos una vía de comunicación efectiva y constante. Da el mérito y reconocimiento a quien aporta ideas y soluciones. Promueve su participación en buscar soluciones y practicas encaminadas a mejorar los procesos de gestión en la empresa y que contribuyan al desarrollo del negocio y de sus integrantes, en lo empresarial, en lo económico y en lo social

Sentirse infalible en el ámbito de los negocios puede ser muy dañino económicamente. Que un empresario haya tenido éxito en un determinado negocio, no significa que en cualquier otro negocio necesariamente lo va a tener. ¿por qué? En principio, porque las circunstancias y el entorno cambian. Cada tipo de giro, tiene diferentes particularidades y requisitos para su adecuada administración. Aunque tener experiencia en el manejo de personal y de la administración de negocios ayuda, cada tipo de empresa requiere diferentes aspectos a tomar en cuenta para poder satisfacer las necesidades de su mercado. En otras palabras, experiencia en el ramo. No todo es cuestión de tener capital para invertir o de creer que el negocio va a funcionar. El ego puede llevar a pensar que, si antes tuvo éxito, ahora en este nuevo negocio lo mismo sucederá.

Por otro lado, cuando un empresario tuvo éxito en un giro, podría su ego llevarlo a no prestar atención a quien si conoce o tiene experiencia en el tipo de nuevo negocio que pretende emprender. El exceso de confianza en sí mismo, puede llevar a que en la nueva aventura se inicie con demasiada inversión o con insuficiente cautela para ir ganando experiencia en el ramo y posteriormente basar el crecimiento del negocio en el conocimiento adquirido, es decir: probar- errar – acertar e invertir más.

En otras palabras, empezar en pequeño para llegar a ser grande. Sé consciente que debes controlar tu ego al interactuar con cualquier persona si quieres ganar su aprecio, su confianza y su amistad.

El ego excesivo cierra las puertas a la convivencia armónica y nubla la capacidad de visualizar inconvenientes y desventajas, así como a no enriquecerse con las ideas, opiniones y consideraciones ajenas. grande”.

No permitas que tu ego te llene de sentimientos de falsa grandeza. Controla tu ego, reconoce y define tu identidad sin necesidad de que te importe demasiado lo que los demás piensen de ti. Acéptate tal como eres, y nunca te menosprecies, elige confiar en tu mente, pero escucha y calla cuando debas hacerlo, sobre todo, se consciente que no eres infalible.

 

Edgar Hernández Cancino Quintero

Fuente: Lider Ejecutivo

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